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ūüŹõÔłŹ Una vida sin fisuras

In memoriam Fernando Fern√°ndez Montero, 1934-2023

Un muro de Sacsahuam√°n, cerca de Lima.

Cuando los conquistadores espa√Īoles llegaron a Lima descubrieron unas construcciones maravillosas, hechas con piedras gigantescas tan bien ensambladas que entre ellas no cab√≠a el filo de una espada. A mi padre le encantaba contar esta an√©cdota, como testimonio de la grandeza de los pueblos conquistados de Am√©rica.

Fernando Fernández vivió toda su vida con unas convicciones férreas: tenía muy claro su lugar en el mundo. Hoy quiero rendirle un homenaje donde resaltar algunas ideas importantes que he aprendido de él.

El origen

Las Alpujarras son un paraje muy peculiar: est√°n a la misma distancia de la costa subtropical de Motril que de las cumbres alpinas de Sierra Nevada. En estas alturas estaban anta√Īo las √ļnicas nieves perpetuas importantes de la pen√≠nsula, aunque extinguidas desde los a√Īos 90 por el cambio clim√°tico.

Mis abuelos, Ana y Miguel.

Bubi√≥n en 1934 no deb√≠a de ser un sitio muy acogedor. El pueblo quedaba incomunicado por la nieve hasta dos meses al a√Īo, y durante este dur√≠simo invierno si dejabas un vasito de agua en la mesita de noche, encontrabas un bloque de hielo por la ma√Īana. Hoy d√≠a s√≥lo podemos imaginar c√≥mo pod√≠a ser la vida entonces: en diciembre hacer acopio de todo lo necesario hasta que a principios de marzo llegara el deshielo y terminara la incomunicaci√≥n forzosa. Por otra parte deb√≠a ser un sitio bullicioso y lleno de ni√Īos, cerca de su m√°ximo hist√≥rico de 800 habitantes en 1950. All√≠ fue donde naci√≥ Fernando Fern√°ndez Montero, primog√©nito de la familia, durante uno de estos dur√≠simos meses de aislamiento.

Mi abuelo Miguel bajaba todos los d√≠as en mulo el barranco del Poqueira para volver a subir a su modesto cortijo por la otra cara de la monta√Īa, donde le arrancaba a algunos bancales en pendiente un sustento para su familia. Se pod√≠a pensar que era una vida humilde, pero eran de los afortunados del pueblo: al fin y al cabo ten√≠an terreno propio y una casa amplia en la plaza del pueblo. En un par de a√Īos comenzar√≠a la atroz guerra civil espa√Īola, cuando mi abuela tuvo que huir por los montes con sus ni√Īos peque√Īos al llegar al pueblo los de alg√ļn bando, no importa para el caso cu√°l fuera. Viendo el gran n√ļmero de ni√Īos nacidos en esta √©poca convulsa, incluyendo a mi se√Īor padre y mis cuatro t√≠os paternos, resulta curioso c√≥mo la natalidad en Espa√Īa apenas se resinti√≥ ni de la guerra civil ni de la terrible postguerra. Hoy d√≠a parece que el m√≠nimo contratiempo econ√≥mico se lleva al traste una tasa de nacimientos ya en ca√≠da libre.

Su carrera

Fernando tuvo la oportunidad de estudiar bachillerato en Granada, y después ayudó a sus cuatro hermanos a salir del pueblo. Tras terminar la carrera de Derecho con un expediente académico brillante, se apuntó a unas oposiciones que le permitieran ganarse la vida rápidamente, donde sacó plaza con nota a la primera.

Poco despu√©s se cas√≥ con mi madre y empezaron a tener hijos. No est√° claro que a mi progenitor le gustara especialmente tanto ni√Īo, pero era su deber para la sociedad y cumpli√≥ lo mejor que supo: cinco varones en total que casi volvemos loca a mi sufrida madre. Durante un tiempo ella caminaba por las calles de Almer√≠a con un beb√© en la barriga, otro en el carrito y un ni√Īo peque√Īo de la mano (yo mismo); cuando llegaba a casa le esperaban otros dos.

Al entrar en la diputaci√≥n de Almer√≠a como subsecretario tambi√©n cumpli√≥ su papel a la perfecci√≥n, y se jubil√≥ all√≠ como secretario general muchos a√Īos despu√©s. Hizo varios trabajos que fueron pioneros y todav√≠a hoy marcan las l√≠neas de la administraci√≥n local, Amaba y admiraba las herramientas de su trabajo: del C√≥digo Civil dec√≠a que era una obra maestra de su √©poca, y acumulaba tomos infumables de Administraci√≥n Local como si fueran tesoros.

Con su nieta Lucía.

No tuve muchos puntos de contacto con mi padre durante la adolescencia, donde el conflicto generacional se hizo patente sobre todo con mis hermanos mayores: √©l no entend√≠a que no quisier√°mos hacer el servicio militar como era lo debido. Al terminar de estudiar empec√© a trabajar, y nuestra relaci√≥n mejor√≥ bastante. Recuerdo con especial cari√Īo cuando all√° por 2005 me le√≠ la asombrosa ‚ÄúHistoria de la guerra del Peloponeso‚ÄĚ de Tuc√≠dides, y despu√©s le regal√© un ejemplar por su cumplea√Īos, sabiendo su pasi√≥n por la historia; desde entonces coment√°bamos aspectos que nos llamaban la atenci√≥n.

Otras culturas

Este libro nunca dejar√° de asombrarme por m√ļltiples motivos. Uno de los personajes m√°s fascinantes es Alcib√≠ades. Nacido en Atenas, jug√≥ un papel destacado en su ataque a la confederaci√≥n del Peloponeso. Tras promover la desastrosa expedici√≥n a Siracusa fue desterrado, y se fue a Esparta donde contribuy√≥ a la guerra desde el otro bando. M√°s tarde fue desterrado de nuevo a Persia, donde fue consejero del s√°trapa Tisafernes. En alg√ļn momento consigui√≥ volver a Atenas donde de nuevo tuvo una actuaci√≥n discutible, por la que fue desterrado de all√≠ una segunda vez. A falta de nuevos bandos donde malmeter pas√≥ a Frigia donde muri√≥ en la ignominia. Tuc√≠dides no es clemente con este chaquetero que siempre mir√≥ por su propio inter√©s.

Padre siempre refer√≠a las palabras de Alcib√≠ades, creo que de otra obra, cuando le pregunt√≥ al s√°trapa persa por qu√© all√≠ las mujeres no sal√≠an a la calle; no como en Atenas donde hac√≠an vida en p√ļblico. Este choque de culturas le llamaba la atenci√≥n. Es probable que no fuera la persona m√°s progresista del mundo, pero en su momento defendi√≥ la transici√≥n democr√°tica como un gran avance.

Hablando de culturas, a mi padre le encantaba recorrer mundo, y lo hizo a conciencia. A principios de los a√Īos 60 recibi√≥ un destino en Guinea Ecuatorial, la √ļltima colonia espa√Īola; all√≠ jugar√≠a un papel importante durante su transici√≥n a una democracia moderna, como secretario general de la asamblea. Dos a√Īos despu√©s tuvieron que huir de all√≠ cuando Francisco Mac√≠as Nguema tom√≥ el poder y destruy√≥ la naciente democracia. Este infernal personaje m√°s tarde se autodesignar√≠a como ‚Äúmarxista-hitleriano‚ÄĚ (ni siquiera es broma) y llevar√≠a a su pa√≠s a la m√°s abyecta ruina. Se puede decir con tranquilidad que la extinta legaci√≥n espa√Īola no le ten√≠a demasiada simpat√≠a, al igual que la mayor parte de su propio pa√≠s.

Con el presidente de la asamblea de Guinea Ecuatorial.

En los a√Īos 80 Fernando form√≥ parte de la cooperaci√≥n espa√Īola para la reforma de la constituci√≥n de Honduras. Poco despu√©s fue socio fundador de la Uni√≥n Iberoamericana de Municipalistas, con la que visit√≥ casi todos los pa√≠ses de Latinoam√©rica donde ayud√≥ a modernizar las administraciones locales.

Hoy d√≠a se le considerar√≠a racista, como a la mayor√≠a de su generaci√≥n. No deja de ser asombroso para una persona nacida antes de la Guerra Civil, sin embargo, que contara que dos de las personas m√°s inteligentes que conoci√≥ fueran africanos. O que llamara ‚Äúmi hermano colombiano‚ÄĚ a Gustavo, la persona que le acompa√Ī√≥ en sus paseos durante sus √ļltimos a√Īos.

Convicciones

Mi P√°par era un gran admirador de Stendhal, de Beethoven, de Mozart; un cat√≥lico convencido que iba a misa todos los domingos que pod√≠a. Estuvo trabajando hasta los 70 a√Īos, y nos pag√≥ los estudios universitarios a los cinco con un solo sueldo. (Tambi√©n era un gran fan de Chiquito de la Calzada, como habr√©is intuido por el principio de este p√°rrafo.)

Cuando se reun√≠a con sus amigos era normalmente con las familias respectivas, y hablaban de temas serios: pol√≠tica, econom√≠a‚Ķ No se permit√≠a salir de farra con los amigotes ni tener hobbies caros. Sus aficiones eran jugar al tenis, leer el diario ABC y estudiar derecho administrativo. En su funeral tuve la oportunidad de hablar con su amigo Antonio Bonilla, alcalde de V√≠car, con el que se fue de viaje cuando eran j√≥venes; se pasaron el camino hablando de filosof√≠a y de m√ļsica cl√°sica.

¬ŅC√≥mo consigui√≥ Fernando unas convicciones tan f√©rreas? ¬ŅC√≥mo pudo vivir con las contradicciones inherentes a la religi√≥n cat√≥lica, a la democracia, o al capitalismo? Qu√© narices, todo en la vida es contradicci√≥n, incluyendo el lenguaje mismo. La filosof√≠a hegeliana que tanto le interesaba no oculta el conflicto de ideas; m√°s bien lo pone en el centro del proceso dial√©ctico.

En el chalet de Roquetas de Mar.

Tengo que suponer que era tan feliz con su familia y su posici√≥n en el mundo que no necesitaba m√°s; pero tambi√©n que se cerraba a plantearse otras opciones, para bien o para mal. Al igual que se negaba a reconocer en s√≠ mismo la enfermedad o incluso la decadencia f√≠sica propia de la edad. Puede que en parte fuera su car√°cter alpujarre√Īo, brusco y poco inclinado a la introspecci√≥n. (Seg√ļn un amigo muy cercano suyo, Fernando era la persona menos introspectiva que conoc√≠a.) Pero sin duda tambi√©n por una concepci√≥n del deber muy distinta a la que hoy tenemos.

De hecho, la idea misma del sacrificio propio (por tu familia, por los dem√°s, por la humanidad en su conjunto) nos resulta hoy completamente ajena en esta sociedad en la que vivimos tan orientada al ego√≠smo: s√© feliz, date un capricho, qui√©rete mucho, t√ļ lo vales. Podr√≠a ser buena idea volver a pensar en sacrificar al menos parte de nuestro bienestar por los dem√°s. Ahora bien, ¬Ņcuenta como sacrificio si lo haces a gusto? ¬ŅY si ni siquiera te planteas si debes hacerlo o no?

Conclusión

Me pregunto si mi padre se plante√≥ alguna vez otra carrera, otra vida, otra forma de hacer las cosas. Seg√ļn mi madre s√≥lo una vez dijo que le habr√≠a gustado ser militar, por car√°cter; pero que no lo hizo porque las condiciones eran bastante peores.

En sus √ļltimos a√Īos, se deten√≠a al pasear cada vez que ve√≠a una planta miserable en el pavimento de la calle. Se maravillaba de que la vida encontraba una forma de salir adelante, incluso en las condiciones m√°s adversas. Pensando en sus palabras hice el dibujo de abajo para un concurso de pintura r√°pida. Ahora lo tengo colgado en mi habitaci√≥n, y me acuerdo de estos momentos cada vez que lo miro.

Vivir, a pesar de todo. Pastel sobre papel grueso.

Estoy convencido de que nuestra sociedad ha llegado más lejos gracias a personas como él que han conseguido salir de las situaciones más adversas, y que han dedicado su vida a trabajar por los demás; y confío en que a los que vengan no se les olvidará este espíritu de sacrificio. En todo caso Fernando Fernández Montero vivió una vida sin fisuras, como los muros de Sacsahuamán.

Agradecimientos

Gracias a mis padres por dedicar su vida al bienestar de su familia. Gracias a Concha Rodríguez por la foto de la portada. Gracias a Rodrigo Fernández por el retoque de la foto de los abuelos y por los comentarios. Gracias a Fernando Fernández por tantas sugerencias que han mejorado el texto.

Publicado el 2023-05-28, modificado el 2023-05-28. Autor

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